¿Por qué nos volvemos agresivos a la hora de conducir?

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Cuando uno quiere llegar antes a un lugar, un peatón puede caminar más rápido, pero un conductor a menudo no tiene más remedio que seguir la velocidad del coche que tiene delante o ceder el paso a otros vehículos cuando la norma lo indique.

Lo que agrava el problema es el hecho de que tendemos a ser muy territoriales con nuestros coches, son nuestro propio espacio privado y esto no está en consonancia con el hecho de que conducimos por una zona pública con decenas de normas, y en el que muchas veces, cada conductor las interpreta a su manera, y en caso de conflicto, nunca las comprueba posteriormente para mejorar en la circulación.

Otro hecho es que también va a acorde con algunas personalidades, que con más impulsivas y “orgullosas”, pero no solo dentro de un vehículo, también tienen una actitud similar en su vida cotidiana.

Veamos las 4 razones principales por que nos ponemos más agresivos a la hora de conducir.

Tensión

Sencillamente, conducir muchas veces entraña situaciones de peligro y nos pone nerviosos, tanto si lo hemos estado haciendo durante días, años o décadas, o incluso si estamos tan acostumbrados que ya lo hacemos instintivamente, todavía sentimos algo de tensión, y se debe principalmente a la maniobra de otro conductor que nos puede poner en peligro, incluso provocando un accidente grave.

Nuestro ritmo cardíaco aumenta, nuestros músculos se tensan, lo que se traduce en ira, donde una vez podemos tranquilizarnos rápidamente, pero en varias ocasiones seguidas en un período corto de tiempo, tendemos a enfadarnos y conducir con más tensión.

Interrupciones para llegar a nuestro destino final

Casi cada vez que estamos detrás del volante, tenemos un destino fijo en mente, y a menos que realmente estemos simplemente de turismo, hay algún sitio al que estamos tratando de llegar y probablemente sobre una hora específica.

En otras palabras, tenemos un destino final en mente y se sabe desde hace mucho tiempo que cuando nuestro camino se llena de interrupciones, nos vamos enfadando poco a poco.

Cada semáforo en rojo que nos detiene, cada conductor que va demasiado lento y cada intersección o movimiento mal marcado es una cosa más que nos aleja de nuestro destino.

De hecho, probablemente hayas notado que cuando llegas tarde, te enfadas aún más por la lentitud que te “obligan” elementos externos, se debe a que cuanto más tarde llegues a un destino de un mayor nivel de importancia, más nos enfadamos con notros mismos cuando no cumplimos el objetivo, mi súper consejo, salir con tiempo.

Reglas no escritas

Por supuesto, hay todo tipo de normas escritas para que todos realicemos la misma conducción sobre una carretera, tenemos límites de velocidad, normas que ordenan los cruces o rotondas y una serie de leyes que dictan cómo debemos conducir básicamente.

Sin embargo, pocas personas siguen esas normas escritas al pie de la letra, ya que la mayoría de la gente tiene su propio conjunto de reglas no escritas que moldean las normas escritas por ley.

Un ejemplo claro, es que una buena cantidad de conductores no cumple el límite de velocidad, con su regla no escrita de que “esta carretera está muy bien y se puede ir más rápido, la dirección general de tráfico debería cambiar el límite en esta carretera”.

 Lo que esto significa es que todos tenemos nuestro propio conjunto de reglas, que entre unos y otros puedes ser ligeramente o totalmente diferentes, como puede ser dentro de una rotonda.

Cuando alguien no cumple nuestras reglas, nos enfadamos, sobre todo cuando tenemos prisa, imagina que vamos por una carretera a 80 kilómetros por hora y llegamos a un punto que nos toca reducir porque tenemos un coche delante que va a 70 kilómetros por hora y no lo podemos adelantar, lo más seguro es que nos pongamos de mal humor, incluso sabiendo que el límite de velocidad de la carretera sea de 60 kilómetros hora.

Personas anónimas

Finalmente, parte de lo que se presta a la ira es que la mayoría de las veces, los otros conductores son desconocidos para nosotros, esto hace que sea realmente fácil para nosotros etiquetarlos negativamente y juzgarles sobre por qué hicieron lo que hicieron con el coche.

Entonces, cuando otro conductor nos interrumpe o vemos que realiza una maniobra con muy poco control, podemos calificarlo como «completo inútil» sin evidencia de lo contrario.

Un ejemplo claro, imagina que tu pareja o un familiar directo tuvo un accidente grave hace un tiempo que le causo un miedo terrible volver a coger un coche, después de un tiempo se decide y se incorpora a una autopista, pero dicha persona circula a 65 kilómetros hora, dentro de lo legal pero algo peligroso ya que obstaculiza la velocidad media de dichas autopistas que se encuentran en torno a 100 o 120 kilómetros hora. Lo más común es que le piten y suelten freses nada agradables sobre su conducción, y la razón es porque no le conocen, pero tú, que estas de copiloto, pensarás que los otros conductores no tienen empatía.

La percepción de la conducción de esa persona puede cambiar mucho pero, debido a que otros conductores son anónimos para nosotros, rara vez tenemos la oportunidad de ese tipo de comprensión.

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